Una mañana... ¿como todas?
Aquella mañana se levantó sin ilusión. Sin moral. Sin ganas de nada. Puso las noticias y terminaron de hundirle el ánimo. Nada parecía tener sentido. Nada tenía razón de ser. Parecía como si nada valiera la pena. ¡Nada era especial respecto a ningún otro día! ¿Por qué seguir adelante con todo? -se preguntó. De repente, como por un azar del destino, miró por la ventana. El amanecer se veía espectacular. Aquel crisol de luz parecía hacer increíbles esfuerzos por salir de las entrañas de la tierra, y transmitía un torrente vital que le hizo sobrecogerse. Como si nunca antes se hubiese hecho de día. Como si no fuese un ritual desde el principio de los tiempos. Como si jamás se hubiese dado ese momento. Sin dejar de mirar, apagó la radio. Y sonrió. De repente, no podía saber cuánto tiempo había transcurrido. Pero su corazón ya tenía la respuesta que buscaba.